miércoles, junio 11, 2008

Pintacanes

Pintacanes, es un proyecto poético social. Organizado por la ilustre municipalidad de la Pintana y el Centro de Arte Experimental la Perrera.

Esta muestra se realizara los días 25, 26, 27 y 28 de junio en la casa de la cultura de La Píntana.


El objetivo de Pintacanes, es producir un cruce entre el arte de avanzada en chile y los habitantes de esta populosa comuna a través de la intervención – al estilo “Cow Parede”- de una serie de perros confeccionados en fibra de vidrio – obra del artista visual Antonio Becerro. Se trata de un ejercicio de obra abierta, en el sentido que los pobladores de la Pintana, artista de la vanguardia chilena y maestro de la poesía y la pintura intervienen esta obra escultórica del desafiante artista local.













Como todo el país sabe Becerro trabaja con la imagen del kiltro taxidermizado en términos conceptuales y corpóreos. A diferencia de sus otras obras y proyectos, esta ves presenta un cambio radical en el soporte y abre la obra escultórica a la comunidad como si se tratara de un ejercicio de clonación estética. Permite que otros se apropien de su obra a su antojo como gesto local.


85 escultura intervenidas se exhibirán en la exposición colectiva sobre una carpeta de sal.

Artistas de la talla de José Balmes, Osvaldo peña, Claudio Correa y poetas como Claudio Bertoni, Carmen Berenguer, Armando Uribe, entre otros se entrelazan junto a los pobladores entorna a esta obra.











viernes, marzo 14, 2008

Sí, estoy muy impresionado de la fuerza de las mujeres




Michel Augier, músico y fundador de Los Barrenderos del Desierto

“No soy un hombre político, sólo constato impresiones”



“No sé si me interesa ser famoso. Lo que sí me importa es conocer el mundo entero con mi música. Quiero ser libre y, por lo menos, lo intentaré”, dice el líder de la banda que acompaña las aventuras de “La Pequeña Gigante”.

Por Antonio Becerro, artista visual

Fotos: Marco Pizarro

Transcurría enero y estaba dibujando en el cielo o, más bien, buscando imágenes de animales entre las nubes de Puerto Mont. No de perros muertos, sino de vacas, cabras, chanchos, conejos, pájaros y qué sé yo. Estaba en eso cuando sonó el teléfono; al otro lado de la línea estaba Roser Fort, la directora del Centro de Arte Alameda:

-Oye, Becerro, se van a presentar Los Barrenderos del Desierto, aquí en el cine y podríamos proyectar tus videos del enamorado de “La Pequeña Gigante” mientras ellos tocan.

-Vale, voy a Santiago.

Ha pasado más de un mes desde nuestros primeros encuentros en el Liguria, el Clandestino y en el propio cine Alameda y Michel Augier, un hombre sensible y simple, que se junto el mes pasado en Santiago para planificar no sé qué asuntos con Jean-Luc Courcoult, el director de la compañía francesa Royal de Luxe, que en el verano de 2007 remeció las calles de la capital con su montaje de “La Pequeña Gigante.




Michel es músico y fundador de Los Barrenderos del Desierto (Balayeurs du Désert) -la banda que acompañó a esa niña enorme, de fantasía, mientras intentaba atrapar al rinoceronte-, grupo que también integran Fatoumata Diawara (voz), Fred Tanari (bajo, teclados) y Jean-Michel Bauru (batería).

-¿Cómo definirías el estilo de Los Barrenderos del Desierto?

-Es una música del mundo, de todas las influencias: electrónica, africana, jazz, rock, un poco de ritmos urbanos. Es una mezcla, la experiencia de integrar músicos de distintos países. Al principio es un intercambio de energía que compartimos y que se transmite mutuamente. Entonces fusionamos el aporte de bajos, guitarras, batería, gaitas y otros instrumentos. Hay ritmos cubanos, árabes, latinos y muchas mezclas de sonidos modernos de tornamesas y vinilos. Existe una cadencia y sensualidad en la estructura musical. Esto también ocurre porque los integrantes de la banda son de distintas nacionalidades. Por ejemplo, Fatoumata, la vocalista, es africana y en las presentaciones de enero en Chile incluimos a Marcela Paz Silva y Camila Sagués, ambas de la compañía de teatro La Gran Reyneta, y a Cuti Aste (Javiera y los Imposibles, Electrodomésticos, Los Mismos, Regia Orquesta de “La Negra Ester).

-¿Cómo se integra la fonética africana al ritmo europeo?

-Es algo muy simple. Fatou trabajaba en la compañía de teatro Royal de Luxe. Era sólo actriz, pero un día en los ensayos escuché su voz y le dije “vení, vení” y empezamos a improvisar con una guitarra. Fatou naturalmente improvisa mucho con sus juegos vocales en las canciones, pero no cambia la base. La fusión queda en la trama del rock, pero con su voz africana empieza a ir en dirección a la música africana. Por ejemplo, la letra del tema “Ermitaño” dice así:

Ermitaño, ¿de dónde vienes?

Yo vengo de caminar.
Yo vengo de caminar.
Yo  vengo de Sarahonta
y los vengo a acompañar.
Hay quien te mandó a llamar, 
yo vine porque me dijeron 
que era fiesta patronal.
¡Hay! ¿Quién te mandó a llamar? 
Sabiendo que los judíos lo iban a crucificar”. 

Eso funciona como un canto alegórico, no sólo por su tendencia interpretativa, sino por la letra y la composición sincopada.

-¿Cuánto tiempo llevas haciendo música para la Royal de Luxe?

-Muchos años, desde que conocí a Jean-Luc (Courcoult), lo que fue un encuentro muy importante en mi vida. Antes de eso, para mí era muy difícil hacer música de esta forma, pero, con el tiempo, soy la única persona que le doy confianza a Jean-Luc en términos musicales.

-¿Haces tus composiciones con las esculturas de los gigantes terminadas, como escenas completas?

-Es una cosa un poco loca. Cuando conocí a Jean-Luc, hace 25 años, encontré a un tipo que sabe contar muy bien las historias. Y me encanta la gente que cuenta las historias así. Al principio, no me importan las imágenes del espectáculo. Trabajo en casa y Jean-Luc me cuenta las historias por teléfono o va a mi casa. Pero esta vez, para “La pequeña gigante”, trabajé de forma muy diferente: hay siete temas que hice en su presencia y cuatro que compuse, sin imágenes, en mi casa. No es importante para mí la imagen, sólo me cuenta la historia y yo sueño. Prefiero la imaginación.

-¿Qué te paso cuando viste el rostro de la pequeña?

-Le dije a Jean-Luc: “Es terrible, porque toda mi vida he perseguido a las chicas y ahora voy a perseguir a una pequeña gigante. Es vaporoso” (ríe).

-En ese proceso, ¿ves las obras en su construcción o después?

-La primera vez que hicimos el espectáculo de “La pequeña gigante” con el elefante, Jean-Luc me contó primero la historia del elefante y luego me dijo: “Necesito una música para la llegada de la Pequeña Gigante, que viene en una nave espacial. Yo sólo escucho la historia, hago la música y a él le encanta. Bueno, después hay mucha precisión, ensayos, ajustes y harto trabajo. Ahora bien, muchas cosas que se hacen en la calle son improvisación.

-Trabajas la emoción del momento.

-Lo que me interesa es que en la calle todo cambia en cualquier minuto: una plaza antigua se transforma en moderna, una señora te mira sorprendida como una niña, doblas la esquina y es otro escenario emocional. La gente nos hace entrega de esa energía. Todos los espacios tienen que ver con la manera en que voy a tocar también, porque se acentúa la energía de los actores con las características emocionales de la gente.

-¿Es muy complicado tocar en un camión en movimiento y con una multitud en la calle?

-La cantidad de público no me dificulta el trabajo, al contrario, me agrada. Lo que importa es cuánto tiempo dura el tema. Acá, en Chile, fueron cinco a ocho horas de música en cada pasada. Lo difícil es encontrar un tema que dure 20 ó 30 minutos y que nunca sea aburrido para la gente. Hace tiempo que Jean-Luc quiere hacer un disco con la música que hacemos en las paradas, pero que dure todo el tiempo que tocamos.

-¿Conoces algo de la música actual de Chile?

-Sí, me interesa. Una noche estuve con gente que hace cueca, fue una experiencia fuerte. Yo toqué la armónica.

-¿Te gustó la cueca? Es el baile nacional.







-Prefiero la cumbia. Yo vivo en un pequeño pueblo al sur de Francia y en el verano hubo ahí un festival de música electrónica donde tocaron tres DJs chilenos y eran muy buenos. Me pregunto por qué no están aquí; me gustaría encontrar gente así aquí.

-En Chile hay una emigración constante de artista. Una vez que regresan de afuera, los reconocen un poco acá.

-Que lamentable. En argentina no es tan así.

-¿Eres amigo de Jean-Luc?

-Sí, hace 25 años.

-Al parecer, Jean-Luc nunca abandona su personaje.

-A veces deja al personaje, pero eso es muy, muy raro. Yo trabajo desde 25 años con él, pero no todo el tiempo, es imposible. En tres años, hacemos diez espectáculos y, después de pelear y discutir, nos decimos chao por un tiempo. Es muy intenso. Luego me llama y me dice: “¿Qué haces, cómo estás?” Y después agrega: “Quiero que seas mi amigo”. Ahora somos mucho más amigos que antes. Hemos madurado y estamos más tranquilos que hace 25 años. Prima la amistad más que la relación artista-director.

-Hay algún instrumento musical que te atraiga en especial de Sudamérica.

-Conozco algunos, pero no los sé tocar. Más que los instrumentos, me atraen las voces del altiplano.

-¿Cómo te han tratado en Chile?

-Primero son muy amables y, por otro lado, son muy duros. Es raro, porque a veces parecen esquizofrénicos y paranoicos. Pero sin duda que su fuerza es la generosidad. Tocamos en varios barrios populares y fue muy bueno ver a la gente divirtiéndose, abrazados y agradeciéndonos por nuestra música. Eso me encanta. En Europa, eso se terminó. No se ve.

-¿Te gustaron las chilenas?

-Sí, estoy muy impresionado de la fuerza de las mujeres. Las chilenas son ardientes y muy complicadas también.

-Tu música es pura, en el sentido que está fuera de lo comercial.

-Es una gran pregunta. Actualmente, hay una posibilidad de que la banda sea muy conocida. Nos invitaron a tocar en New York para el bicentenario, pero no sé si quiero ser famoso, no sé si me interesa. Lo que sí me importa es conocer el mundo entero con mi música. Hay aficionados en todas partes, en Tailandia, en China, que me mandan correos para que les envíe música. Eso sí me interesa de la música, los encuentros con distintos pueblos. Poder tocar acá, allá y dar conciertos en las plazas. Quiero ser libre. Por lo menos lo intentaré.

-Alguien dijo que la vida sin música sería un error.

-Cuando vuelvo a Francia y estoy en mi casa, no escucho música durante unos tres meses. Es porque soy autodidacta. Entonces, cuando tengo un proyecto de espectáculo o de disco, no me gusta tener nada de música en la cabeza. Prefiero estar como a los 15 años, sin influencias, como cuando toqué por primera vez mi primera guitarra. Es distinto, es más orgánico y sanador, después simplemente todo funciona.







-¿Y cómo es el camino del autodidacta en el mercado?

-Hay una actitud privativa de parte del mercado, pero nuestra música se transmite en forma oral. Por ejemplo, para “La pequeña gigante” acá en Chile, regalamos nuestros discos.

-Estos espectáculos gratuitos también son un regalo para otros creadores, que pueden realizar otras obras a partir de la majestuosidad de los gigantes. Es decir, cualquiera se los puede apropiar.

-Sí y está muy bien. Ahora, con internet, cada uno puede bajar su propio compilado. La gente escucha música de forma diferente y arma sus propios discos, hacen sus propias compilaciones. Eso es interesante y está muy bien. Jean-Luc siempre tuvo una posición respecto a los medios masivos. Recuerdo una vez que un canal privado muy grande iba a grabar en Francia el espectáculo de “Roman photo”. El contrato estipulaba que ellos pagaban y filmaban el espectáculo. Pero la televisión es la televisión y entonces tienes que esperar el vamos del director del programa. El público llegaba y esperaba y esperaba, 20, 50 minutos. Entonces, Jean-Luc dijo vamos, sin importar el tiempo de la televisión. El director del canal salió de su sala de producción y se volvió loco. Le dijo a Jean-Luc: “No puedes hacer esto, nunca más vas a trabajar en televisión. Corta las luces”. El espectáculo se realizó igual y estuvo increíble. A la gente le encantó. Entonces, el director de televisión vio que el público estaba feliz y, como a los 20 minutos, se puso a grabar desde el punto en que estábamos. Así que sí o sí. Jean-Luc tiene su modo y no le importa nada: él hace lo que quiere. Ahora, si vas a filmar una película de la compañía Royal de Luxe, eso es diferente. Otra cosa.

-El poeta Artur Rimbaud. Dice que pertenece a una raza de ojos azules, bárbara y asesina.

-Ahora, en Francia, hay mucha música que manifiesta la protesta. Es triste, pero así está el mundo entero. Yo soy positivo; voy en el carro del optimismo. Siempre hay que llegar con esperanzas a la gente. Se pueden decir cosas simples, se pueden contar historias. Las palabras son situaciones, cosas fuertes dentro de la actualidad. Una letra de mis canciones dice: “Vivo en la Francia de las apariencias con la certeza de tener el dedo en el culo y Jean Claude, mi amigo, se muere en la calle con la panza vacía, como un perro”. Eso también ocurre acá, en Santiago, y en todas partes.

-Al parecer, los jóvenes franceses se tomaron al pie de la letra otro poema de Rimbaud que dice “sólo con una ardiente paciencia conquistaremos las esplendidas ciudades”.







-Sin duda, y no es sólo la quemazón de autos: en las últimas huelgas de los sindicatos, se tiraron balazos. No hubo muertos y es un milagro que no hayan heridos, pero pudo haberlos. La gente se está armando, el mundo es difícil.

-¿Todas las letras de Los barrenderos del desierto son tuyas?

-Yo compongo las letras y Fatou también. No soy escritor profesional de frases; no soy un hombre político. Sólo constato impresiones. Prefiero vivir en un barrio popular y cantar a la gente. Ésa es mi manera. Ayudo directamente a la gente, no con palabras. No soy Manu Chao.

-Estás más cerca de Edith Piaf: “Non! Rien de rien. Non! Je ne regrette rien” (no, no me arrepiento de nada)

-(Ríe) Sí, yo diría que sí.

-Los quiltros, los perros callejeros de Chile, desarrollan una particular inteligencia. En invierno, cuando llueve mucho acá en Santiago, en las afueras de la iglesia San Francisco, un indigente duerme sobre sus perros. Los usa como flotadores para protegerse del agua que corre por las veredas y ellos siguen el juego.

-Parece que fuera una imagen creada por Jean-Luc para un espectáculo. Es muy curioso, los chilenos tienen muchos perros callejeros. Me interesan mucho los perros y estoy muy orgulloso porque en la carátula de mi último disco se ve a la Pequeña Gigante durmiendo y también aparece un perro. Perdón, un quiltro.

martes, enero 15, 2008

“Doy placer a la gente y soy feliz cuando ellos obtienen placer”

Jean-Luc Courcoult,
el desbordante director de la compañía de teatro francesa Royal de Luxe

“Esto es poesía pura, el amor a la gente, contra el racismo, contra las ideas cerradas, contra los seres egoístas que sólo quieren plata para sí mismos”, dice el creador de “La pequeña gigante”, que hace un año revolucionó las calles de Santiago.

Por Antonio Becerro
Fotografía: Andrés Gachón

“La apropiación del espacio público es un derecho del arte. La calle es el lugar donde se encuentra la gente. En la calle están todas las capas sociales, de distintas edades y colores. En ese sentido, encontrar y conocer a la gente es un hecho político”.



En cuatro oportunidades previas había compartido circunstancias con Jean-Luc Courcoult, el creador de la compañía francesa Royal de Luxe, que hace un año revolucionó Santiago con “La pequeña gigante”. La primera vez (2000), después de ver “Petits contes nègres titre provisoire”, La Patogallina organizó una cena en el Centro Experimental Perrera Arte y, en una larga mesa, en completa confusión de lenguas, nos servimos humitas, ensalada a la chilena, choclos cocidos, pebre, marraquetas y mucho vino. Ese día, Courcoult montó una vieja lámpara que estaba ahí como si se tratase de una yegua chúcara.

La segunda vez fue en 2004, cuando Courcoult dirigió a La Gran Reineta a un costado de la misma Perrera Arte. Se trataba de una sesión fotográfica para la fotonovela de la obra “Roman photo”, en la que una pareja salía volando por el parabrisas de un Fiat 600 en llamas. Pocas horas después, en el tercer encuentro, este maestro francés perseguía como un niño a las jóvenes actrices por arriba y debajo de las mesas.

La cuarta vez fue hace sólo unas semanas, a propósito de una recepción que organizó el Instituto Chileno Francés de Cultura para dar la bienvenida a este desbordante creador. Todo estuvo muy bien y, después que Courcoult se diera un refrescante chapuzón a poto pelao en la piscina de la embajada, me acerque a solicitarle una hora para esta conversación.

“No tengo tiempo y no doy entrevistas”, respondió Courcoult, quien sólo accedió a dialogar, un par de días después, en el hospital San José, tras confirmar que yo no era un periodista profesional, sino un artista visual que cabalga en la taxidermia.

-¿Por qué insistes en volver a Chile?

-Bueno, que esto no era una conversación. ¿Dónde están las cervezas?-, replica entre risas Courcoult, apuntando al arsenal de cámaras, grabadores y papeles que cargo.

-Tenía entendido que lo tuyo era el pisco sour.

-Ahora casi no bebo pisco sour. Cambio, tengo períodos, no siempre tomo lo mismo. Respondiendo tu pregunta, cuando vine a montar el primer espectáculo de “Roman photo”, me enamoré del pueblo del chileno. Me gusta el corazón de la gente, su simplicidad, su ternura. Hay tipos malos, como en cualquier sitio, pero he conocido gente muy dulce y buena. Aquí me siento a gusto, cómodo, no es comparable con otros países que he podido visitar.

-Qué extraño, desde acá se ve todo lo contrario. En Chile se estila hundir y ningunear al otro hasta verlo tirado.

-Ese es un problema de los chilenos. Yo soy francés.

-¿La Gran Reineta es una apuesta paralela a la Royal de Luxe?

-Al principio existió la idea de ayudar a una compañía chilena y hacer teatro de calle. Hoy, ya estamos con un segundo espectáculo y no sé si habrá un tercero. Quizás lo monten ellos solos, sin mí.

-¿Cómo se llama la nueva obra?

-Aún no existe título y tampoco tiene final (risas). Estamos en plena creación.

-El teatro callejero que tú realizas se inscribe como un hecho artístico, social, político e histórico. ¿La apropiación del espacio público es un derecho para el arte o sólo otro modo de experimentar la obra?

-Es un derecho. Es una forma distinta de entender y de llegar a comprender la importancia del arte. La calle es el lugar donde se encuentra la gente. En la calle están todas las capas sociales, de distintas edades y colores. En ese sentido, encontrar y conocer a la gente es un hecho político.

-¿Cómo se manejan en el tema del financiamiento? Hoy existen dos corrientes muy marcadas: por un lado está el Estado, que permite al creador sustentar sus obras, pero con ciertos límites morales y políticos, y, por otro, los privados, que apoyan al artista en función de su inscripción y exclusividad en el mercado.

-Tenemos auspiciadores que nos dejan hacer lo que queramos montar. Sólo exigen que pongamos su nombre en asociación a la creación. Pero no me piden que haga algo en particular, ni tampoco me ponen limites. Tenemos libertad total.

-¿Por qué haces teatro gratuito?

-Porque hago teatro popular. Pretendo llegar a tocar a todo el mundo, pero, por lo que he conocido en mis viajes, tengo claro que mucha gente no tiene dinero. Cuando haces teatro pagado, sólo una parte de la población asiste, porque simplemente hay que pagar las entradas. Y si tienes toda una familia, al final acaba siendo caro y prohibitivo.

-¿Has tenido conflicto con los festivales de teatro cuando hay un costo para el público?

-No, porque simplemente no voy. Es un principio, no actúo. Así no hay espectáculo. Hubo muchas tentativas para convencerme. Antes todo el mundo me llamaba, pero ahora los que lo intentaron ya saben que diré no.

-¿Siempre ha sido gratis?

-Durante cuatro años estuvimos actuando en la calle y pidiendo dinero voluntario a la gente. Y seguimos así: nunca en mi vida he hecho un espectáculo en que se cobre a la gente. Lo que es complicado también, porque hay que encontrar la plata, los financiamientos.

-“La pequeña gigante” fue todo un acontecimiento para Santiago, pero yo me enamoré de verdad de la muñeca. Tanto así, que realicé dos obras en vídeo a partir de su belleza. Hice una performance en la terraza del Cine Arte Alameda para declararle mi amor; allí le tiré mi corazón.

-(Ríe) Te creo.

-¿De dónde proviene el rostro de la muñeca?

-Es como una mezcla de algo asiático y europeo.

-Es preciosa. Para mí que no sólo vino a buscar al rinoceronte, sino que a llevarse el espíritu de Pinochet, que aún rondaba por Chile en ese tiempo. Fue una especie de justiciera, porque de pasadita nos advirtió sobre el desastre del Transantiago. Ahí vimos destruidas nuestras últimas micros amarillas.

-Eso no puedo decirlo yo, lo tienen que afirmar ustedes, los chilenos.

-¿De dónde nace esta épica heroína: de un libro, de alguna epopeya griega?

-Yo cuento historias a ciudades enteras a través de los espectáculos. Me inventé el concepto de los gigantes, que vuelven cada dos o tres años con relatos distintos. Son como una saga de una serie. Al comienzo, fue el primer gigante; luego, su hijo, que era negro. Es un invento mío. Un concepto distinto de otros espectáculos que hago. Es contar una historia a través del tiempo. Cuando vuelva con “La pequeña gigante” acá igual habrán pasado ya tres años. Seguro que cuando aparezca será como la continuación de una historia. Esto es así desde que empecé con los gigantes. Niños de siete años, los que ahora rondan los veinte años, tendrán hijos propios que irán a ver mis espectáculos. Es una forma de teatro mitológico popular.

-A pesar de su alucinante caminar por la capital, a una parte de la sociedad chilena le atormentó el costo de la producción.

-Esto es menos caro que un tanque, un avión o una guerra. A través de los impuestos, hay que redistribuir bien el dinero y permitir la expresión popular. Alguna gente critica cuando es cultura y se queda callada cuando son gastos militares. Es un poco extraño eso.

-¿Qué hacen con esas obras después de finalizar las giras?

-Todos los elementos de las obras se almacenan y conservan en el espacio que tiene la compañía en Wessanen, en la ciudad de Nantes, a un costado del río Loira. Es una ex fábrica que la alcaldía entregó en comodato para poder trabajar y crear. Lo impresionante de caminar por Wessanen es que uno se siente como un liliput, porque a un costado encuentras la cabeza del gran gigante y, al otro, su chaqueta que cuelga desde 12 metros de altura. Sigues más allá y están el elefante, las jirafas, los tenedores. Es realmente un universo aparte.

-¿Cuál es la poética de la Royal de Luxe?

-La de la poesía pura, el amor a la gente, contra el racismo, contra las ideas cerradas, contra los seres egoístas que sólo quieren plata para sí mismos.

-A la hora del montaje, ¿existe para la Royal una diferencia entre la basura y los desechos urbanos?

-No, la compañía no se plantea esta pregunta, más bien utiliza todo lo que le pueda servir al momento de una creación, pero evidentemente que son cosas nuevas y viejas también. Una de las claves de la compañía es el realismo: acá en Chile, por ejemplo, se utilizaron verdaderos paraderos de micros, los que fueron impactados por el rinoceronte. Quizás después pueden parecer desechos urbanos, pero ojo que se utilizó un paradero en buen estado y luego se fue deformando a la manera de un accidente causado por un rinoceronte.

-¿Cuál es la clave para que un grupo de personas llegue a convertirse en un colectivo cohesionado de arte profesional?

-Es muy importante que los actores también sean técnicos. Profesionales que hagan otras cosas, que no sea sólo una corriente en la actuación. Cuando una compañía quiere hacer teatro popular, también es bueno que en esa misma compañía haya una representación de lo popular, que son las clases sociales. Hay que tener respeto por el otro y responsabilidad con la trayectoria.

-¿Esperas algún retorno de toda esta experiencia callejera?

-No, soy como un niño. Doy placer a la gente y soy feliz cuando ellos obtienen placer. El placer de la gente me llena para hacer otras cosas. Me nutro de ese placer. Se trata de algo muy sencillo.

-La ganancia es la felicidad del otro.

-Y con esa ganancia armo nuevas obras. Mi último espectáculo, por ejemplo, se llama “La revolución de los maniquíes”. Trata de maniquíes que se hartaron de ser explotados. Estos se revolucionan, pero no se mueven, están como maniquíes. Pero sí se pueden arrancar la ropa y atravesar las vitrinas. Desaparecen por los techos. El conjunto del espectáculo son sueños y pesadillas. Cada escena es muy distinta de la otra. Montamos durante la noche y cada día vamos cambiando las situaciones en los escaparates.



-En Chile, a la hora de festejar con todo y sin reservas, hay un dicho popular que dice: “Vamos a tirar la casa por la ventana”. Esto lo relaciono con el trabajo de la Royal en que se tiraban pianos con catapultas, que es como el desborde del delirio en la poesía visual.

-Eso fue para final de un espectáculo que se llamó “Le péplum”. Allí había una catapulta que tiraba el piano que transportaba la última nota musical de la obra.

-¿Cuál es la responsabilidad del artista en estas sociedades modernas?

-Depende del artista, pero para mí el artista forma parte del corazón y del habla del país. Si un país no tiene cultura, no tiene identidad. Entonces, el artista representa un trozo de la identidad del país.

-¿Pero cómo se sustenta y reinventa un joven creador en estos modelos “democráticos”, donde la televisión es la cultura y la identidad?

-Es una lucha. Yo les diría que sigan, que sigan. Que arranquen todo, que continúen y remen, que remen felices con lo que hacen. Eso es lo que hay que hacer en cada comienzo. Cuando nosotros decidimos sólo hacer teatro, también llegaba el momento de la vida difícil, no teníamos para comer y pedíamos plata en la calle. Cada artista tiene que estar apasionado.

-Y tener talento.

-Por supuesto. La combinación perfecta entre ambas cosas puede dar forma un artista con entereza en cualquier circunstancia.

-Violeta Parra, por ejemplo.

-Sí, he visto sus cuadros y he escuchado sus conciertos. Es formidable.

-¿Montarías un espectáculo con una Violeta gigante?

-No, no es mi cultura, no soy chileno. Estoy encantado de leer, ver y entender la cultura de la historia de Chile, pero no me atrevería, porque la vería a través de un ojo extranjero. Y me da mucho miedo decepcionar el espíritu de Violeta. Tengo demasiado respeto hacia los creadores y la gente. No me siento capaz. Para mí, no es posible hacer algo así. Si yo intento meterme, ustedes no entenderían nada (risas).

-¿Qué porcentaje de la Royal de Luxe es Jean-Luc Courcoult?

-No, existe la Royal de Luxe y yo. Y también la compañía que sin mí no existe, porque yo doy el fondo político y poético. Doy las direcciones y todas las imágenes que se han creado hasta ahora provienen de mí.

-¿Pero la Royal es la que hace posible esas creaciones?

-Sí, claro. Yo le dijo a mi gente: “Háganme esto”. Por eso sostengo que soy yo y mi compañía. La dirección de una compañía permite evitar los conflictos dentro de ella. Siempre hay muchos conflictos dentro de una compañía, pero alguien tiene que estar para decir: “Paren”. Hay que tener cierta responsabilidad y cierto poder para eso. Pero un poder para la creación, no para existir.

-Volviendo un poco al efecto de la pequeña gigante. Los chilenos han demostrado que prenden de inmediato cuando una obra de arte se realiza en el espacio publico. Hay tienes la acción fotográfica de spenser tunic que fue mas un suceso antropológico que la misma fotografía.

- Como te dije en un comienzo los chilenos tienen esa simplicidad, esa naturalidad.

-cuando termine la tercera parte del video de mi enamorada la muñeka te la hago llegar.

- La espero. Muchas gracias.


sábado, diciembre 22, 2007

D-CONSTRUIR

Es una película de animación, escrita y dirigida por Eduardo Busnter, fue producida y filmada durante tres años en el Centro de Arte Experimental Perrera Arte.


9 Convocatoria proyectos de artes visuales

lunes, octubre 15, 2007

desparasitación cultural 3

desparasitación cultural 3
perrera arte, domingo 28 de octubre,
parque de los reyes s/n entre cueto y bulnes.




viernes, octubre 12, 2007

Imperdibles

Este domingo 14 de Octubre, conversación con Patricio Manns La Nación Domingo Cultura




después de leer el diario , partieron a ver esta película...


domingo, octubre 07, 2007

Patricio Manns: “Chile ha perdido el tino poético”

A los 70 años, Patricio Manns, habla desde su cautiverio litoral

“Chile ha perdido el tino poético”



· “Este país no valora a sus genios creadores a tiempo y, por el contrario, los deja en calidad de sospechosos”.

· “Si sale la derecha en las próximas elecciones, me voy de Chile. Parto a Venezuela, vamos a hacer una nueva sociedad allá”.

· “Neruda no conocía nada del coa y, pese a ser amigo de Violeta Parra y Abraham Jesús Brito, jamás se topó con la décima”.


Por Antonio Becerro; artista visual y taxidermista

Fotografía; Andrés Gachón



Después de visitar y constatar la entrañable felicidad del oso polar tras noche que nevó en Santiago, llegué a Valparaíso a eso de las 21 horas. En compañía del fotógrafo Andrés Gachón y la doctora Cáterin nos fuimos derechito al Cinzano, donde cenamos al son del clásico “el mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también”. Luego, camino al hotel, les dije a mis compañeros de viaje: “Por fin le tocó al oso polar. Nieve y mucho frío. Poco se sabe en Chile del oso polar del Zoológico, igual que de Patricio Manns”.

El oso y Pato Manns tienen algo en común. Ambos están allí, aislados, contra la temperatura y el paisaje, sin séquitos, secuaces ni galardones.

El novelista, poeta y creador de temas musicales conmovedores como “La tregua”, “Cuando me acuerdo de mi país” y “Palimpsesto” nos recibe en su amplio departamento frente al mar.

-¿En qué esta Pato Manns a los 70 años?

-Hago canciones y trabajo con el Banco Estado, como las pymes. Así como los pescadores reciben préstamos para ponerles motores a sus botes, el banco produce mis discos y se distribuyen en presentaciones fantásticas.

-¿Cómo observas el ambiente creativo de Chile?

-Es que yo vivo acá, en el litoral, y estoy muy desconectado de todo. A veces asisto a algún congreso en París o la Universidad de Playa Ancha y allí me entero de cosas.

-¿Pero ni siquiera te informas a través de los medios de comunicación?

-No veo televisión. Leo cosas de historia y miro películas de repente. Además, lo que pasa es que la narrativa chilena está pasando por un mal momento: la gente que esta ahí, es gente que también ejerce la crítica literaria. Son una pila de pendejos que están en una bodega y se tiran flores entre sí. Yo no creo en esa gueá. Ese (Alejandro) Zambra y no sé quien, la Patricia Espinoza, son toda una sucesión. Un ghetto como de 20 personas.

-¿Ghetto?

-Sí, y hay otros como el de Camilo Marks y Germán Marín. Se han metido en la (editorial) Sudamericana, donde yo también trabajé. Conozco a Marín, pero nunca me ha saludado y sé que tenemos una vieja cuenta que arreglar. Aunque talvez nunca se llegué arreglar, porque eso fue antes del golpe militar. Él hace como que no me conoce y, en realidad, nunca me ha conocido realmente. Mira, cuando lancé “Diversos instantes del reino”, la presentación en la Biblioteca de Santiago la hicieron José Miguel Varas y Volodia Teitelboim, ambos Premio Nacional de Literatura. Era por cierto un hecho cultural, pero ni siquiera lo consideraron. Allá ellos. Yo no paso por los críticos chilenos. En cambio, en Argentina me respetan muchísimo; vengo llegando de un congreso de filosofía en San Juan.

-Bastantes camisas de fuerza en el mundo literario.

-En “La Tercera” han llegado a crear espacios para sacarme la cresta. Un día, cuando me premió el Consejo del Libro por unos cuentos, Camilo Marks criticó en dos páginas centrales cinco de mis libros. Me hizo tira y lo tituló: “Premio al sospechoso”, cosa que a mí no me va ni me viene. Lo que tendría que hacer la crítica es ayudar a comprender a un escritor y no sacarle la cresta de entrada. Después de haber trabajado un par de años en un libro, cómo puede venir un maricón de mierda a decir cualquier gueá. En cambio, Javier Edwards publicó un artículo en “El Mercurio” sobre “Diversos instantes del reino” y la presentación decía: “Edwards critica los excesos en novela de Patricio Manns”. Era una muy buena crítica, porque contenía una observación. Eso no significaba que rechazara el libro entero.

-Me estabas hablando de un congreso…

-Sí, vengo del Segundo Congreso Internacional de Filosofía, organizado en Argentina. El primero fue realizado en 1949, en Mendoza, con Perón. ¿Tú crees que en Chile alguien me invitaría a un congreso de filosofía?

-¿Por qué crees que no te invitan?

-La ignorancia. Aquí, la gente que domina la cosa cultural no conoce la cultural. Además, existe mucha arrogancia. Yo no estoy en ese círculo, ni tengo esos vínculos. Conozco a la ministra (Paulina) Urrutia y nos saludamos, pero nada más. Tampoco ando rodeando a la Michelle (Bachelet). Yo trabajé en su campaña en Santiago, Valparaíso, Talca y aquí, en Viña del Mar, pero nunca pedí nada, ni una pilcha.

-¿Cómo se ve la cosa Bachelet?

-Mantengo ciertas reservas, como eso de quedarse al margen del voto a Venezuela por los problemas que tiene la Democracia Cristiana con (Hugo) Chávez. Puede que Chile se quede fuera del proyecto de energía más importante del último tiempo en América Latina por una rabieta ideológica. Brasil, Argentina, Bolivia y Venezuela van a tener una red de energía en la que Chile no figura. Eso es grave. Ha habido muchos errores no forzados y ventajas para la oposición. Si sale la derecha en las próximas elecciones, me voy de este país. Parto a Venezuela, donde tengo un hermano. Vamos a hacer una nueva sociedad allá, una sociedad con una verdadera consejería cultural y todo.

-¿Tienes alguna relación con los artistas jóvenes, con la poesía urbana, el hip-hop, rock, funk?

-No sé, a mí me gusta la música. No hay nada que se compare con las grandes obras maestras.

-¿Pero eso no es quedarse un poco pegado? Estamos en otro tiempo, con nuevas posibilidades rechitativas, sonoras y armónicas. Hemos descubierto nuevas alfabetizaciones de la música. No hay comparación alguna con los clásicos.

-Sí, puede ser. Además, yo soy músico baladista; no folklorista. Ahí está la cosa.

-¿Y “Concierto de Trez-Vella” está en la balada o en un camino clásico andino experimental?

-Son todas baladas, incluso “Arriba en la cordillera”. No tienen que ver ni con la cueca ni con la tonada. Efectivamente, “Concierto de Trez-Vella” es una obra bastante jodida y el componente armónico que tiene es avanzadísimo.

-A mí también me gusta su poesía, que resulta como una clase de filosofía. ¿Qué queda de ese Pato Manns?

-Estoy haciendo cosas mucho mejores que esas.

-¿Tanto así?

-O sea, trato de intentarlo. Puedo hacer cualquier cosa que se me ocurra. Lo que pasa es que “Concierto de Trez-Vella” es un gran tema. Tiene un arreglo de tipo clásico y los que cantan conmigo son los Intillimani. Ahora, yo no hubiese metido tanta quena, porque lo bajan un poco; habría incorporado una trompeta potente, para romperlo estructuralmente. Es una gran balada, que dura 15 minutos. Hay otras, como “La Araucana”, de 8 ó 10 minutos.

-Pienso que tu poesía y tu música gravitan por un puro concepto interpretativo. Quiero decir que es muy difícil que alguien interprete uno de tus temas, pues tienen una impronta muy marcada por la vida del compositor.

-No creas tanto, Denisse Malebrán cantó finamente y voló alto con “Arriba en la cordillera”.

-¿Y “La balada de los amantes del camino de Taverney”?

-Ahí tienes razón, con esa no se la puede nadie. Lo que pasa es que tiene como cincuenta acordes que cuestan. No es llegar, tomar la guitarra y hacerla, porque es un tema autobiográfico.

-Yo conquisté varios amores con ese tema, era como mi caballito de batalla.

-Sí, me han presentado hasta guaguas en honor a ese tema. Me han dicho: “Esta niña salió por ‘Los amantes de Taverney’”.

-¿Te importa hacer escuela o dejar algún legado en Chile con tu métrica y música?

-No tengo ninguna vocación de instructor paracaidista. Y valga la imagen, porque cuando estudie canción salté en paracaídas.

-Como Altazor.

-Claro, porque se trata de hacer una cosa que tiene que ser nueva. Es decir, desde el punto de vista mío, desde aquí adentro. Lo que pasa es que mi formación cultural es muy potente. Conozco la poesía desde niño. En mi casa había una biblioteca con unos tres mil volúmenes, no un maletín cultural como el que se pretende regalar hoy día. Y allí, a los 8 ó 10 años, empecé a escribir poemas. Mi madre era profesora, tenía libros de poemas, recortes de poemas y antes en Chile en cada libro o diario aparecía un poema. Ahí conocí a Gabriela Mistral, las primeras cosas de Neruda y una pila de poetas españoles. Entonces, si alguien quiere seguirme, tiene que empezar por recorrer ese camino y luego dominar la poesía. Aquí vienen a verme poetas jóvenes y hablamos horas de poesía. Es una falencia si no pueden hacer un soneto. Tienen que partir con los sonetos. Hay una cadencia interna y una cadencia exterior. Y hay unas rimas internas y unas rimas externas. Y cuando haces sonetos o décimas estás al principio del camino. Yo estudie décimas desde niño y luego lo hice en Francia. Tengo un trabajo que se llama “Pablo Neruda y la poesía popular”. Neruda nunca pudo hacer una décima y era amigo de decimistas como Violeta Parra y Abraham Jesús Brito, que improvisaba décimas y además hacia sonetos perfectos e imperfectos. Pero Neruda nunca se topó con la décima.

-¿Y qué tal Roberto Parra?

-Roberto era un gallo muy sincopado. Era choro, en el sentido que dominaba un lenguaje popular exquisito. La cueca, esa del vivaracho, es una joya de la poesía popular y el coa chileno. Neruda no conocía nada del coa. Yo iba almorzar con él y se nos ocurrió hacer una obra juntos, que está desaparecida en este momento y que busco por todos lados. Es como una novela cortita sobre sus escritos. Es de 300 páginas y está para filmarla. Es un libro cinematográfico hecho en prosa que se perdió después que él se fue de embajador a Europa. Después de las giras por México y Europa, en el 67, nos sentábamos a trabajar y a Neruda se le ocurrió hacer la Fundación Cantalao para poetas jóvenes. Por ahí desarrollamos la novela de cuatreros. Neruda me decía que hiciéramos una película y que yo escribiera el guión.

-¿También hiciste guiones?

-Una vez trabajamos en eso, en un viaje en tren de nueve meses. Se trataba de hacer una obra mensual y nos pagaban por eso. En aquellos tiempos, la Fundación Rockefeller financiaba a diez escritores para que trabajaran ocho horas diarias y después salíamos de parranda, chupábamos, comíamos y tirábamos. Y así salían las obras. También conocí a Raúl Ruiz en Concepción, en un taller de teatro. Yo era redactor de la revista “La patria”. Raúl tiene una sensibilidad muy especial y un pensamiento muy refinado. Allí se juntaban Enrique Lihn, Efraín Barquero, Jorge Teillier y otros gallos de la universidad.

-¿Por qué no se da eso ahora?

-No sé, los fondos y las postulaciones son muy engorrosas. Hoy sería imposible que te dieran financiamiento en cualquier institución cultural para proyectos de esa envergadura. Los artistas son dudosos ante la autoridad y esta nueva sociedad de mercado. Imagínate que… ¿cómo se llama ese gueón que canta como mongólico y que anima el Festival de Viña del Mar? ¿Sergio…?

-Sergio Lagos.

-Ese gueón me saludó como maestro y, segundos después, como también vota, lo hizo contra mi tema “Para variar”. Por eso no gané el Festival. Son pequeños detalles, pero llenos de mierda. La insensibilidad del mercado y del medio cultural farandulero en Chile es una locura. Hablan de ellos mismos en los medios, aparecen en todos los canales casi a la misma horas y, al día siguiente, vuelven a repetirse en los diarios como si fueran los únicos habitantes de Chile, cuando hay cosas mucho más importantes y graves de que preocuparse. Ahí esta la responsabilidad moral y política de los que dominan la cultura. Y después se sorprenden por la marginalidad, el costo social y los estallidos de violencia.

-“Chile ha muerto”, como dijo Pablo de Rokha. Y eso que por estos días están dando un premio al mejor de los chilenos.

-Yo soy el menos chileno de todos. Imagínate que ni siquiera me han dado el Premio Nacional de Música.

-No me extraña: tampoco se lo dieron a Violeta Parra, Víctor Jara y, si mal no recuerdo, ni siquiera al maestro Claudio Arrau le tocó.

-Estos tipos son muy maricones. Y eso que ya no hayan a quién dárselo; el año pasado se lo otorgaron a un pianista. Tú podrías conseguir el apoyo de “La Nación” para que me nombren como candidato (ríe). Chile ha perdido el tino poético, se pasaron al otro extremo. Chile no valora a sus genios creadores a tiempo y, por el contrario, los deja en calidad de sospechosos.

-Cuando llegó la democracia, algunos esperábamos una mayor participación de los artistas retornados, dada su experiencia. Pero eso no fue así y, por el contrario, la institucionalidad se llenó de sujetos neuróticos, de maletín y celular, titulados como gestores culturales. ¿Qué piensas de esto?

-Lo que pasa es que me vine a trabajar al litoral y he conservado un perfil bajo; ni siquiera hago clases en la universidad. Tampoco estoy en Santiago ni en la farándula. Lo mío es leer y leer, aunque también dosifico el día con tiempo para sentarme a escribir. Mi primera lectora y única promotora es Alejandra (Lastra, su mujer), que es sicóloga. Ella es argentina y yo estoy súper sicoanalizado, igual que todo el pueblo argentino. Por eso son tan buenos para la pelota. Chile entero debería sicoanalizarse.

-A propósito de psicología profunda, ¿qué te pareció el funeral de Pinochet? Pronto se cumplirá un año de aquella puesta en escena.

-Una provocación monstruosa; fue más que un funeral de Estado. Este gobierno no tuvo los cojones para anticipar y parar a ese pendejo militar que habló y sacar en el acto a toda la plana mayor del Ejército. Con la muerte de Pinochet la cosa se ha tranquilizado un poco, pero nadie responde por la guita que se llevaron. Pinochet se robó cientos de millones, pero eso no es considerado un ataque al Estado. Estamos viviendo dos tipos de valores. Por eso digo que, si en este país no puedo vivir con lo que sé hacer, entonces es legítimo salir a robar.

-Lanzas postmodernos.

-Ahí está el caso de (Sebastián) Piñera. El tipo recibe un turro de información privilegiada, hace tremendos negocios, paga una multa y no le sale ni por curado. En Francia, un ministro de Mitterrand se mató tras ser acusado de aprovechar información confidencial. ¿Crees que Piñera tendría el mismo coraje? En fin, yo no soy político, no me gano la vida en eso y nunca he postulado a nada. Sólo analizo y he escrito algún ensayo. Con el Estado no tengo nada que ver.

-Oye, y vivir en esta zona, en un departamento como éste, no es una contradicción para un artista de izquierda.

-No, porque aquí hay treinta años de trabajo y un esfuerzo en conjunto con la Alejandra, que trabaja en las Naciones Unidas con un sueldo decente. Vivo en un edificio de momios. Imagínate la paradoja: aquí abajo venía de vacaciones el fiscal Hernán Torres Silva, el que desarticuló el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y que hoy está procesado.

-Bueno, tengo que partir. Si vas por Santiago llámame y programamos algo en La Perrera.


-Lo único que necesito es una cama. Una vez me alojaron en un hotel y resulta que era un hotel parejero, de esos que te cierran con llave, porque hay otras parejas. No vaya a ser cosa que pilles a una ministra corriendo en pelotas por los pasillos, ja,ja, ja, ja . Fue horrible esa experiencia. Por eso te repito: si me ponen una buena cama, voy a Santiago.